«Introducción al análisis de sistemas» F. I. Peregúdov, F. P. Tarásenko
Análisis de sistemas (systems analysis): 1) desde el lado práctico, el análisis de sistemas es un sistema de métodos de investigación o diseño de sistemas complejos, de búsqueda, planificación e implementación de cambios destinados a la eliminación de los problemas; 2) desde el lado metodológico, el análisis de sistemas es una dialéctica aplicada, ya que materializa las ideas de la dialéctica en relación con las tareas prácticas concretas, cuya particularidad reside en la necesidad de esclarecer las causas de su complejidad y de eliminar dichas causas; 3) desde el lado metódico, el análisis de sistemas se distingue por su carácter interdisciplinar y supradisciplinar, y por la incorporación al trabajo tanto de métodos informales, heurísticos y de expertos, como de métodos empíricos y experimentales, así como, cuando es posible y necesario, de métodos formales matemáticos rigurosos.
El análisis de sistemas moderno es una ciencia aplicada orientada a esclarecer las causas de las dificultades reales surgidas ante el «poseedor del problema» (habitualmente una organización, institución, empresa o colectivo concreto) y a elaborar alternativas para su eliminación. En su forma más desarrollada, el análisis de sistemas incluye también la intervención práctica directa para la mejora de la situación problemática. El carácter sistémico no debe parecer una novedad, un último logro de la ciencia. La sistematicidad es una propiedad universal de la materia, una forma de su existencia y, por tanto, una propiedad inherente a la práctica humana, incluido el pensamiento. Sin embargo, toda actividad puede ser más o menos sistémica. La aparición de un problema es un signo de insuficiente sistematicidad; la resolución del problema es el resultado del incremento de la sistematicidad.
La revolución científico-técnica dio lugar a la aparición de conceptos como los de sistemas grandes y complejos, que poseen problemas específicos. La necesidad de resolver estos problemas generó una multitud de procedimientos, métodos y enfoques que fueron acumulándose, desarrollándose y generalizándose gradualmente, formando finalmente una determinada tecnología de superación de las complejidades cuantitativas y cualitativas. En distintas esferas de la actividad práctica surgían tales situaciones, y las correspondientes tecnologías, junto con sus bases teóricas, recibían diferentes denominaciones: en la actividad ingenieril, «métodos de diseño», «métodos de creatividad ingenieril», «ingeniería de sistemas»; en las cuestiones militares y económicas, «investigación de operaciones»; en la gestión administrativa y política, «enfoque sistémico»; en las investigaciones científicas aplicadas, «modelado de simulación», «metodología del experimento», etc.
Por otro lado, el pensamiento teórico, en distintos niveles de abstracción, reflejaba la sistematicidad del mundo en general y la sistematicidad del conocimiento y la práctica humanos: en el nivel filosófico, el materialismo dialéctico; en el científico general, la sistemología, la teoría general de sistemas, la teoría de la organización; en el de las ciencias naturales, la cibernética; con el desarrollo de la informática surgieron la ciencia de la computación y la inteligencia artificial.
A principios de los años 80 ya era evidente que todas estas disciplinas teóricas y aplicadas formaban una suerte de corriente unitaria, un «movimiento sistémico». La sistematicidad se convirtió no solo en una categoría teórica, sino en un aspecto consciente de la actividad práctica. Puesto que los sistemas grandes y complejos se convirtieron necesariamente en objeto de estudio, gestión y diseño, se requirió la generalización de los métodos de investigación de sistemas y de los métodos de acción sobre ellos. Debía surgir una cierta ciencia aplicada que sirviera de «puente» entre las teorías abstractas de la sistematicidad y la práctica sistémica viva. Y surgió: primero, como hemos visto, en distintos campos y bajo distintos nombres, pero en los últimos años se ha configurado como una ciencia que ha recibido el nombre de «análisis de sistemas».
Las particularidades del análisis de sistemas moderno se derivan de la propia naturaleza de los sistemas complejos. Teniendo como objetivo la eliminación del problema o, como mínimo, el esclarecimiento de sus causas, el análisis de sistemas atrae para ello un amplio espectro de medios, utiliza las posibilidades de diversas ciencias y esferas prácticas de actividad. Siendo en esencia una dialéctica aplicada, el análisis de sistemas concede gran importancia a los aspectos metodológicos de toda investigación sistémica. Por otro lado, la orientación aplicada del análisis de sistemas conduce a la utilización de todos los medios modernos de las investigaciones científicas: las matemáticas, la informática, el modelado, las observaciones y los experimentos in situ.
En el curso de la investigación de un sistema real, habitualmente hay que enfrentarse a los problemas más diversos; resulta imposible para una sola persona ser profesional en cada uno de ellos. La salida se ve en que quien emprenda el análisis de sistemas posea la formación y la experiencia necesarias para reconocer y clasificar los problemas concretos, para determinar a qué especialistas conviene recurrir para la continuación del análisis. Esto plantea exigencias especiales a los especialistas en sistemas: deben poseer una amplia erudición, libertad de pensamiento, capacidad para atraer a las personas al trabajo y organizar la actividad colectiva.
El análisis de sistemas surgió en respuesta a las exigencias de la práctica, que nos planteó la necesidad de estudiar y diseñar sistemas complejos, de gestionarlos en condiciones de información incompleta, recursos limitados y déficit de tiempo. Hasta hoy continúan las controversias sobre si el análisis de sistemas puede considerarse una ciencia, un arte o un «oficio tecnológico». Se debaten con especial agudeza las aplicaciones del análisis de sistemas a los problemas vinculados con los sistemas «sociotécnicos» o «sociales», es decir, sistemas en los que el papel decisivo lo desempeñan las personas. En la resolución de tales problemas resultan esenciales no solo las cuestiones de construcción y utilización de modelos, no solo las búsquedas heurísticas de solución de tareas débilmente estructuradas y no plenamente formalizables, sino también los aspectos puramente psicológicos de las relaciones humanas, lo que «aleja» aún más el análisis de sistemas de las «ciencias puras» de tipo de la física y las matemáticas.
Las controversias sobre el «grado de cientificidad» del análisis de sistemas obedecen a diversas causas. Con bastante frecuencia se infravalora el trabajo vinculado con la formulación de los problemas. Muchos consideran que mientras no se hayan construido modelos formales, el trabajo «de verdad» aún no ha comenzado, y la expresión «plantear bien un problema es resolverlo a medias» la toman como una broma. En el análisis de sistemas se pone el acento en las dificultades de las formulaciones de los problemas y en los modos de superar dichas dificultades.
La etapa más responsable del análisis de sistemas es la formulación de la situación problemática. Esta etapa solo comienza con el planteamiento del problema por parte del cliente. Es necesario identificar a todos aquellos a quienes afectarán los posibles cambios, y formular los problemas que se derivan de dichos cambios para cada uno de ellos. El conjunto de problemas obtenido, denominado problemática, constituye el punto de partida para el análisis de sistemas.
Tanto los problemas bien formalizados como los débilmente estructurados deben llevarse a una forma en la que se conviertan en tareas de elección de medios adecuados para la consecución de los objetivos dados. Por ello es necesario, ante todo, determinar los objetivos. En esta etapa del análisis de sistemas se determina qué debe hacerse para resolver el problema (a diferencia de las etapas posteriores, que determinan cómo hacerlo).
Tras la determinación del problema, la etapa siguiente en importancia del análisis es la identificación de los objetivos. Establecer el objetivo correcto es más importante que encontrar la mejor alternativa. Una alternativa no óptima conduce, no obstante, al objetivo, aunque no de la manera más eficiente. La elección de un objetivo incorrecto conduce no tanto a la resolución del propio problema como a la aparición de nuevos problemas.
En la investigación de sistemas es preciso plantear y resolver tanto tareas bien formalizadas en términos matemáticos como tareas «débilmente estructuradas», expresadas en lenguaje natural y resueltas con medios heurísticos. La superación de la complejidad cuya naturaleza está vinculada con la formalización incompleta exige la aplicación sistemática de conocimientos y métodos informales. El análisis de sistemas une deliberadamente la teoría y la práctica, el sentido común y la formalización abstracta. El logro principal del análisis de sistemas consiste en la elaboración de métodos de tránsito de las tareas informales a las formales, de los modelos de tipo «caja negra» a los modelos de tipo «caja blanca». La mayor parte de estos métodos tiene un carácter no formalizable (en sentido matemático), pero son lo bastante concretos y aptos para el uso práctico, y pueden denominarse no solo «arte» u «oficio», sino también tecnología.
Los criterios son modelos cuantitativos de objetivos cualitativos. En consecuencia, las discrepancias entre criterios y objetivos son inevitables, y es muy importante velar por que el tránsito al trabajo con los criterios elegidos conduzca efectivamente al avance en la dirección de los objetivos fijados.
La elaboración de la lista de posibles alternativas de resolución de los problemas (generación de alternativas) es la etapa creativa más intensa del análisis de sistemas. Para facilitar y acelerar este trabajo se han desarrollado numerosos métodos, cuyo dominio es necesario para el analista de sistemas.
Los algoritmos de realización del análisis de sistemas pueden ser diversos. En función del grado de complejidad del problema analizado se emplean algoritmos «lineales» (en los casos más sencillos), algoritmos con ciclos (cuanto más complejo es el sistema, más ciclos hay y más iteraciones se realizan en cada ciclo) y algoritmos complejos «secuenciales», es decir, construidos en el curso de la investigación, que pueden contener ciclos, búsqueda aleatoria, adaptación, autoorganización, etc.
Desde el punto de vista práctico, el análisis de sistemas es una metodología y una práctica de intervención para la mejora de las situaciones problemáticas. Puesto que tal intervención afecta a los intereses de las personas, en el análisis de sistemas se concede una enorme importancia a las cuestiones de sociología, psicología y ética. Se desarrollan métodos especiales de resolución de estas cuestiones en el curso de la implementación práctica de las recomendaciones obtenidas en la investigación sistémica.
Si se intenta caracterizar el análisis de sistemas moderno una vez más, de forma muy generalizada y desde un ángulo algo diferente, puede decirse que incluye tipos de actividad tales como: la investigación científica (teórica y experimental) de las cuestiones vinculadas con el problema; el diseño de nuevos sistemas y de los cambios en los sistemas existentes; la implantación en la práctica de los resultados obtenidos en el curso del análisis.
Ya la propia enumeración priva evidentemente de sentido al debate sobre si en la investigación sistémica predomina la teoría o la práctica, la ciencia o el arte, la creatividad o el oficio, la heurística o la algoritmicidad, la filosofía o las matemáticas: todo ello está presente. Naturalmente, en una investigación concreta las proporciones entre estos componentes pueden ser las más diversas. El analista de sistemas está dispuesto a atraer a la resolución del problema cualesquiera conocimientos y métodos que sean necesarios para ello, incluso aquellos que él personalmente no domina; en este caso no es el ejecutor, sino el organizador de la investigación, el portador del objetivo y de la metodología de toda la investigación.