La actividad es la acción intencionada del ser humano. Al perseguir sus objetivos, el ser humano utiliza la naturaleza, influye en ella y transforma tanto el entorno como a sí mismo.
La actividad es:
- teleológica: está orientada hacia un objetivo;
- instrumental: se apoya en instrumentos para alcanzar dicho objetivo;
- situacional: se desarrolla en una situación concreta y depende de ella;
- está dirigida hacia un objeto determinado.
La actividad teleológica se dirige hacia un objetivo previamente establecido. La actividad es oportuna cuando se ajusta de algún modo a ese objetivo. Los instrumentos son los medios para alcanzar el fin, cuya eficacia ha sido reconocida por la persona. Las normas de uso de estos instrumentos están culturalmente consolidadas en forma de conocimientos que se transmiten a otros. Abarcan desde las herramientas más sencillas para el trabajo físico hasta recursos de orden superior, como las habilidades humanas. Los medios de la actividad constituyen las condiciones suficientes para llevarla a cabo.
La actividad es una estructura coordinada: el objetivo debe corresponder a una situación concreta o a un objeto determinado, y los medios deben ser adecuados al fin, es decir, deben garantizar su consecución.
Para definir un acto de actividad es necesario, como mínimo, especificar sus objetivos, su objeto y sus medios.
De acuerdo con el objetivo, los medios actúan sobre el objeto. Esta estructura básica del acto de actividad puede ampliarse. En lugar del objeto puede situarse el proceso de transformación de un material inicial en un producto final determinado. Mediante la aplicación de medios (herramientas, instrumentos), la persona transforma el material inicial en un producto final que corresponde al objetivo. El objetivo señala el producto posible del acto: antes incluso de que comience la actividad, contiene una imagen del producto final. Lo que la persona desea obtener existe «de antemano», en forma ideal, como objetivo. El producto se crea durante el proceso de transformación del material.
El material del proceso de transformación puede ser físico, en cuyo caso se habla de un acto de actividad productiva. Si el material es simbólico, se habla de un acto de actividad intelectual. Por ejemplo, la transformación de una fórmula matemática o de un modelo informativo de un objeto.
El objetivo señala el producto final y, por tanto, indirectamente, el material inicial a partir del cual se obtiene dicho producto mediante la transformación. Los medios deben garantizar la consecución del objetivo. Los medios están vinculados al producto final, puesto que deben asegurar su obtención a partir del material inicial. Los medios están conectados con el proceso de transformación en su conjunto: cada medio concreto se emplea en determinados procedimientos del proceso de transformación del material inicial.
La actividad está coordinada:
- el objetivo debe corresponder a una situación concreta o a un objeto determinado;
- los medios deben ser adecuados al fin, es decir, deben garantizar la consecución del objetivo.